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miércoles, 12 de agosto de 2015

Parque provincial Teyu cuare, San Ignacio, Misiones.

Misiones la hermosa tierra colorada, exuberante  y placentera esconde paisajes e historias hermosas por descubrir.

La provincia de Misiones tiene magia, enamora desde el primer momento, sus paisajes, sus ríos su vegetación, su comida, su música alegre, su tierra colorada y su gente. Cada pueblo esconde secretos y paisajes para visitar.




 Parque Provincial Teyú Cuare. San Ignacio, Misiones.


 Pasando Posadas se llega hasta San Ignacio, a la vera de la ruta 12, allí  nos esperan las Misiones Jesuiticas "San Ignacio Mini", cerca de la ribera del Parana se encuentra la casa del mítico escritor Horacio Quiroga, con sus cuentos de la selva, y mas adelante la playita de San Ignacio.


 Hacia el sur de San Ignacio por una camino de tierra se encuentra el camino hacia el Parque Provincial Teyu Cuare. Creado para proteger sus cuevas naturales, refugio de distintas especies de murciélagos y sus vegetación, musa inspiradora de Horacio Quiroga y varios otros autores .

El Parque abarca desde el arroyo Yabebiry hacia el norte unos 20 km aproximadamente. Para llegar al parque, el último trecho del camino es bastante difícil para autos y no es recomendable si ha llovido. Cuenta con un estación de guardaparques  y con varios senderos de corta duración. El mas visitado hacia los balcones del cerro Teyu Cuare que significa "Cueva que habito el lagarto" en guaraní, este cerro también supo tener el nombre de Reina Victoria. Desde aquí se puede ver hacia la otra orilla del majestuoso Río Paraná,  la República del Paraguay, la hermosa isla del barco hundido y bajando las escalinatas se llega hasta la boca del arroyo Yabebiry. 



 

 
Me encantan estas historias de leyendas que transportan a mi infancia rodeada de tierra colorada:
La cueva del Teyú Cuaré...

“Conocido es en el Alto Paraná el Cerro de la Reina Victoria, cortado a pico sobre el río y en cuyas aristas se puede ver desde un barco y con ojos de turista el perfil de la reina Victoria de Inglaterra.Al lado de este cerro, a unos doscientos metros, hay otro cerro de igual altura y parecida conformación, y entre los dos cerros hay naturalmente una quebrada. Internándose un poco por dicha quebrada al llegar a la altura de unos cincuenta metros, se halla una gruta que presenta todo el aspecto de un refugio de animal antediluviano. Y enfrente, en la costa paraguaya, desemboca un arroyito cuyo curso desciende en zig zags regulares. La región se llama Teyú Cuaré.Un día, andando en busca de orquídeas, me interné por la boscosa quebrada, y llegué a la musgosa gruta,  y escudriñando sus rincones encontré un objeto que a primera vista me pareció una uña gigantesca que habría pertenecido a algún animal prehistórico.Pero después de examinarla descubrí que se trataba de un casco de caballo que quizá fuera el resto del banquete de una onza.No obstante la poca importancia del hallazgo, guardé el casco y más tarde se lo mostré a mi vecino don Luis Bade, hombre de probada erudición y curioso por todas las cosas raras. Lo observó pensativamente, me miró con gesto seguro y dijo en tono misterioso:- Esto… es una escama del dragón teyú, que en otros tiempos habitó una cueva cuá y que ya no es más ré: teyú-cuá-ré.Este dragón vivía tranquilamente en su gruta y desde allí atisbaba de continuo el jirón de río que limitaban los altos paredones de los dos cerros. De vez en cuando un guaraní en su piragua se aventuraba a navegar por la región, y entonces al enfrentar el indio los dos cerros, el horrible teyú descendía por la quebrada con la violencia de un huracán, y se lo comía con piragua y todo. Siempre había indios que comer, porque ninguno regresó para contar lo sucedido. Y esto duró largos años.Se sabe que en una ocasión, el animal vio aparecer a su presa y como de costumbre se lanzó sobre ella, pero le costó engullirla, era no ya una piragua sino una gran canoa con cinco hombres blancos muy gordos y vestidos de negro. Esta vez el teyú se dio el atracón de jesuitas de la reducción de San Ignacio.Pasaron los años. Hasta que una noche, se oyó un extraño rumor que espantó a los yacarés y enmudeció a las aves nocturnas. El ruido aumentó rápidamente y llegó a oírse un fragoroso rechinar de hierros y tremendos resoplidos acompasados. La jungla quedó en suspenso. El dragón enfurecido esperó en su gruta a que el enemigo enfrentara la quebrada. Llegó el momento, descendió hacia el río en carrera aciclonada y fue a estrellarse contra el primer barco a vapor que rugiendo y echando chispas remontaba el Alto Paraná. Entonces dolorido y avergonzado por la derrota cruzó el río para internarse y esconderse en los bosques del Paraguay, y con la cola trazó el cauce en zig zags de ese arroyo que desemboca frente a los dos cerros del Teyú Cuaré” (de Germán Drás, Alto Paraná, 1938)
    

Planta de Yerba Mate

Volviendo a la cima otro sendero que vuelve a bajar hacia el río nos lleva hasta una casa de piedras escondida entre árboles centenarios, conocido como las ruinas de la Casa de Bormann ex medico del Füller, que según las gentes de la zona vivió en nuestra tierra colorada.



La historia de la casa de Bormann

Dionisio “Tato” Cardozo de 75 años, cuenta que en su familia, gustaban mucho de la caza. Por eso, en una oportunidad, siendo él aún adolescente lo acompañó a su hermano hasta el interior de la selva. Estaban buscando con unos perros los rastros de un animal, cuando apareció desde la espesura un hombre y les exigió que se retiraran. Les dijo que en ese lugar “estaba prohibido permanecer”.

 Más tarde Cardozo sabría que ese hombre, era la mano derecha de Martin Bormann. Y, que la prohibición corría allí porque se encontraban en inmediaciones a las viviendas construidas en el actual Parque Provincial del Teyú Cuaré, en San Ignacio.

Detalló que una de las viviendas era ocupada por Bormann y la otra, por sus colaboradores. Hasta ahora se observa, en una de las paredes que habría servido de sala, una gran cruz esvástica. Esta casa tiene además otras dos habitaciones y un baño con tina, que era abastecida por agua proveniente de dos pozos profundos, todo un lujo para la época.
Estiman que los dos hogares fueron construidos en la década del '50, con piedras similares a las que se encuentran en las reducciones jesuíticas.
Otro antiguo poblador, Ricardo Cirilo Lezcano contó la existencia de dos miradores, donde el lugarteniente de Hitler, acostumbraba a colocar vigías para controlar el movimiento del río.
En esto también coincide el guardaparques Norberto Olivera quien recogió testimonios de antiguos pobladores, allá por 1993. “Tenía unos miradores de piedras”, añadió. Las viviendas están ahora ubicadas a unos 50 metros del río (por el avance de las aguas) y a pocos metros, la corredera del osununú y cerca del barco hundido, donde desembarcaban en el lugar. El sitio es estratégico, tanto por el acceso histórico de barcos al lugar, como porque permite avistar desde muchos kilómetros los movimientos en el río Paraná. Además, resultaba de difícil acceso para la época, ingresar por tierra al estar rodeado de la selva misionera.

En la actualidad, el principal camino a la vivienda es pasando por los controles de los guardaparques, quienes oficializaron con un cartel la senda que conduce a la vivienda de Bormann.
Lezcano asegura que el propio Bormann solía usar el carro para hacer las compras en el pueblo y pagaba con monedas de oro. La presencia de Bormann en el lugar, según aseguran los antiguos pobladores, también atrajo la atención de los buscadores de oro porque supuestamente el criminal nazi, depositó barriles de oro en inmediaciones a su vivienda.

Habría llegado durante el gobierno de Perón, de la misma manera se habría fugado al Paraguay con la caída del gobierno peronista.
Según el exgendarme Tato Cardozo, Bormann fue ayudado a pasar al Paraguay por Cándido Díaz, quien a su vez le facilitó al nazi otro contacto que finalmente lo llevó en bote hacia el Paraguay. Cuando los efectivos de Gendarmería Nacional llegaron hasta el lugar y derribaron la puerta de la vivienda de Bormann, el jerarca ya habría cruzado al suelo guaraní.
 
Busquedas, hallazgos, ADN, dudas y misterio.

Martin Bormann resultaba vital para Hitler. No en vano, fue él quien engendró el ascenso de éste y del Tercer Reich por medio de esquemas de extorsión como el Fondo de Donaciones de Hitler a la Industria Alemana. Fue también él quien tuvo la idea de cobrar royalties sobre la imagen de Hitler que aparecía en los sellos, enriqueciendo de esta forma a su Führer. Estaba tan cerca de Hitler que éste una vez gritó: “¡Para ganar esta guerra, necesito a Bormann!”. Bormann, el médico de Hitler, el doctor Stumpfegger y Artur Axmann (líder de la Juventud Hitlerista) abandonaron juntos el bunker de Berlín después del suicidio de Hitler ocurrido el 30 de abril de 1945. Luego de que Axmann los dejó en la Estación Lehrter, Bormann y Stumpfegger desaparecieron. De esta manera, daba comienzo una de las más largas cacerías de nazis de la historia.
 
Los primeros en perseguirlos fueron los rusos. Como no encontraron el cuerpo de Bormann, éste inmediatamente entró a formar parte de la lista de fugitivos más buscados. Más tarde los departamentos de inteligencia británico y norteamericano se unieron a la caza, uniéndose a ellos el prestigioso historiador Hugh Trevor-Roper. Consiguieron localizar a Axmann, quien insistió que Bormann estaba muerto. Sin embargo, esta afirmación fue desmentida por uno de los seguidores de Hitler, quien mantenía que Bormann se había fugado con los rusos y se encontraba trabajando para la inteligencia soviética. Otros testimonios indicaban que el nazi se había escondido en un monasterio en Italia. Mientras tanto, Bormann fue juzgado in absentia y condenado a muerte. A mediados de 1950, la búsqueda fue interrumpida debido a que la versión oficial mantenía que él estaba muerto. 

Simon Wiesenthal, sin embargo, no desistió de buscarlo. Recibió noticias que argumentaban haberlo visto en Europa y Paraguay y encontró evidencias sólidas de que Bormann se encontraba aún con vida. Varias personas lo habían visto y su nombre estaba ligado a una dirección de Brasil. El centro judío de Simon Wiesenthal había contado con un interés particular para Bormann.

 En 1972, varios trabajadores que excavaban en la estación Lehrter de Berlín encontraron dos esqueletos. El análisis de los huesos indicaba que podrían pertenecer a Bormann y a Stumpfegger pero la comparación de los huesos no es una ciencia exacta y Wiesenthal no creyó en ello, continuando con la caza.La fiscalia gral.de Franckort confirmo que el esqueleto encontrado en 1972 en Berlin pertenece al secretario personal de Adolf Hitler: Martin Bormann. Un análisis genético realizado a pedido de la familia de quien fue el segundo hombre mas poderoso de la Alemania Nazi permitió disipar las dudas. Bormann se suicido en 1945 en Berlin dijeron los expertos alemanes,la evidencia la prueba de ADN  que se comparo con una prueba sanguínea de una mujer de 83 años quien presumiblemente fuera la nieta de Amalie Vollborn hermana de Antonia, la Madre de Bormann. Pero estos análisis anteriores no habían logrado detener la proliferación de teorias sobre el destino de Bormann. Unas 16 personas fueron acusadas de ser Bormann y mas de diez nombres falsos fueron atribuidos al ayudante de hitler, se creo que había muerto en Italia, en Paraguay, en  Argentina y en Gran Bretaña.

En 1998, el test de ADN realizado a un cráneo identificó a Bormann. El cráneo localizado estaba lleno de un tipo de arcilla roja que sólo puede ser encontrada en Paraguay. Además de ello, la dentadura de Bormann había sufrido cambios considerables desde los últimos registros dentales que databan de 1945. En dónde se ocultó Bormann y como apareció su cuerpo continúa siendo motivo de controversiahttp://www.tudiscovery.com/



Serán las orillas del río Paraná, la cueva del teyu cuare y los arboles centenarios los únicos testigos de la verdad de esta historia  susurrándosela al viento que nos contaran con ecos una nueva leyenda...

Mas información en: http://misiones-sanignacio.com.ar/

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