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lunes, 9 de noviembre de 2015

Laguna Blanca, Catamarca.


 La laguna Blanca se encuentra en la provincia de Catamarca, se trata de un espejo de agua en altura, de unos 3400 metros de extensión. A su alrededor  se creo la reserva de la biosfera Laguna blanca, tendiente a proteger el ambiente, especies animales y vegetales . Su principal objetivo es la conservación de la vicuña, en peligro de extinción .

Luego de pasar una velada agradable en la Hostería de Villa Vil, con la atención comedida de la señora de la posada, al día siguiente, comenzamos a descubrir un hermoso paisaje, ya que habíamos llegado al pueblo al anochecer del día anterior.


El pequeño pueblito de Villa Vil es uno de esos pueblos que enamoran, de clima seco y de alta montaña; esta a 2160 metros sobre el nivel del mar. Su gente se mantiene principalmente de la agricultura y la ganadería, pero conocen como nadie estos parajes, a lo lejos se ven cerros que parecen nevados, pero la vista engaña, algunos son grandes medanales, que entre la distancia y la bruma matinal se difuminan en el aire.


Ubicado en un valle con inmensas cerros a su alrededor, se despereza cada mañana a los ruidos del día, poco para quienes venimos de lugares mas poblados, y los vientos susurran los cantos de las aves y el sonido de sus ríos. 
En este pueblo también hay un complejo de termal que no pudimos ir a visitar.

Desayunamos este hermoso paisaje  y mas tarde emprendimos camino por la ruta provincial 43 hacia nuestro destino: las dunas de Randolfo.
 Los paisajes áridos y de pre-puna son inmensamente coloridos, solo a los costados del río se puede observar mas vegetación.


Eran los inicios de un  otoño mas, pasamos por Barranca Larga, un poblado a las orillas de la ruta, mas adelante había trabajos en el camino ,que por tramos cortos, esta pavimentado, a si que en una inmensidad silenciosa, una maquina  trabaja haciendo un terraplén por donde pasara un tramo de esta ruta, la única que comunica con Antofagasta de la Sierra.

No hay casi transito por estas zonas, algunas mulas a lo lejos y alguna que otra camioneta, el transporte mas apto, para cuando los caminos se rompen y hay que abrir otras vías o caballos  fuertes y acostumbrados a la dura vida de la pre-puna.


Las dunas de Randolfo azotan la ruta y dependiendo del tiempo esconden en su manto el camino, a poco de andar, desaparecen nuestras pisadas, por el viento, que las esculpe constantemente. Es un deleite subir hasta la cima de estos medanos y dejarse caer por la arena finita que se mete por los recovecos de la ropa. Es aquí donde la cámara de fotos empieza a andar mal porque son tan chiquitos sus granos dorados que es imposible protegerla. 
El viento sigue muy seco y el sol al mediodía quema, pero a pesar de eso hace frío.


Jugamos en la arena hasta que se hizo demasiado tarde, a si que rápidamente emprendimos viaje hasta la laguna, que según el gps quedaba allí cerca. Llegamos primero a un mar de sal plano por donde se lo mire, y el camino que serpenteaba perdiéndose entre las montañas. Depende de la época del año esta zona puede llenarse de agua o estar congelado, en nuestro caso nos toco una época en que era un gran campo que se ofrecía a nuestro alrededor.


 Por estos parajes ya pudimos ver las primeras familias de vicuñas, dueñas absolutas de la inmensidad, pastando en las cercanías, pero al acercarnos  empiezan a alejarse , primeros las crías, luego los padres como protegiéndolas.

Para llegar hasta Laguna Blanca se debe desviar por un camino de tierra que sale hacia el norte, allí encontramos un viajero que nos pidió que lo alcanzáramos hasta el pueblo, y aunque nuestro plan era solo la laguna terminamos haciendo unos km mas para conocer el poblado al que iba nuestro pasajero, a una reunión de artesanos. En esta zona  la vicuña lo es todo, otorga la carne y la lana con la que pueden protegerse de los inviernos crudos.


Al llegar hasta el caserío  nos dimos cuenta que habíamos hecho bien, nos esperaba un hermoso paisaje desde donde ver la laguna. En el centro del poblado una capilla de piedra nos da la bienvenida a la puna, unas cuantas casitas en varias manzanas y un museo que estaba cerrado pero que nos cobijo del viento, desde allí, un lugar un poco mas alto se siente la libertad que nos regala la montaña  y donde la laguna  ocupa gran  parte de la planicie,  iluminada por un sol radiante que en estas alturas no calienta lo suficiente. Aquí tienen un mirador desde donde  todo parece grandilocuente.


Comimos cobijados por las galerías del museo y luego desandamos parte del camino andado para tocar las aguas saladas, ritual obligado de quien viaja tantos km para conocer estos paisajes. Pudimos ver vertientes de agua congeladas y ya en las orillas algunos flamencos, seguro los mas viejos, que ya no pueden emigrar, resignados a su destino en las aguas mansas de la laguna que se mueve al compás de estos vientos que nos acompañaron todo el viaje.


La fauna que podemos encontrar a nuestro paso son distintas clases de aves: la gallareta,  el tero, las gaviotas, los patos y los flamencos los príncipes de la reserva, ademas de su protegidos las vicuñas, las tarucas ,venados, chinchillas, vizcachas y sus consabidos depredadores, mas reacios a mostrarse,  tal vez tan solo sus huellas ineludibles: los pumas, los gatos andinos y los zorros.


 Por donde miremos encontramos a lo lejos siluetas curiosas que nos observan, y en nuestra mente quedaran estos paisajes privilegiados que dibuja nuestra Argentina.




5 comentarios:

  1. Un paseo por las nubes, en palabras e imágenes. Lindo!

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  2. Ese último comentario era mío, no sé porqué salió Unknown.
    Pedro Frias.

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  3. Hola, Cómo estás?? re lindo el relato y las fotos... perdón por corregir, pero la cuesta es de Randolfo, no Gandolfo. Saludos y sigan viajando por el hermoso norte!!

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  4. recien llegada de ese legar y coincidiendo plenamente con todo tu relato alucinante!!

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